02/06/2009
Los niños buscan la caricia en cualquier lugar del mundo
María trabaja como educadora sociolaboral en el FOE de Fundación Adsis en Bilbao. Pero hace unos meses aparcó su trabajo diario para ser voluntaria en uno de los proyectos que la Fundación desarrolla en Portoviejo (Ecuador). Ahora nos cuenta su experiencia.
"Dejé mi trabajo diario en el Centro de Formación, Orientación y Empleo (FOE) de Fundación Adsis en Bilbao una temporada para irme de voluntaria unos meses a Ecuador. Me fui para encontrarme en la distancia de lo que conocía y en la cercanía de lo desconocido.
Mi labor estos meses ha sido participar en un proyecto de desarrollo comunitario que, a partir del contacto con los niños y niñas de la zona, nos ha permitido llegar a sus madres, crear vínculo con ellas y formar un grupo en el que avanzar hacia un estilo educativo más afectivo con sus hijos y crecer en autoestima.
En este camino yo también he aprendido junto a estos niños y niñas en escuelitas sin cristales y de suelos desnudos; visité casitas de caña con resquicios de la dulzura del azúcar en las que milagrosamente todo se mantenía en su sitio. Y yo me reía con ellos sin entender por qué no lloraba… hasta que me fui. Kelvin Joel, Darla Marlé, Milena Rubí, Steven Alfredo… Los niños aparecen de debajo de las piedras, con la carita sucia y golpeados por la vida antes que por sus madres. Las madres adoran a sus hijos, pero no pueden con todo, y cuando todo es tanto…
Aquí los niños aprenden poco y mal. Es una pena porque todos ellos son niños con capacidades, pero en unos años abandonarán la escuela primaria y llegará el momento de la prueba de fuego: ¿darán el salto a un sistema educativo con más posibilidades o se quemarán en el intento, abandonando los estudios y abocándose a la repetición de esquemas?
Mientras, un grupo de jóvenes voluntarios de Fundación Adsis trabaja con ellos para que esto no sea así, y con la excusa del apoyo educativo intentan proporcionarles referentes. Junto a ellos, los niños y niñas disfrutan haciendo los deberes.
Y es que los gestos de afecto lo son todo en la educación infantil. En estos meses he visto pequeños de siete años que pasaban de golpear a pedradas la puerta de la escuela y a puñetazos la cara de un amigo a querer ayudarme a limpiar el aula. Y todo gracias al efecto de las palabras dulces. Y es que los niños buscan la caricia en cualquier lugar del mundo.
He disfrutado tanto hablando con estos niños que hubiera parado el tiempo para quedarme. Me han dicho frases memorables. Se me quedó grabada la de Jaimito (que últimamente quería que le llamaran Jaime, que ya iba a cumplir seis años): “Barriga llena, corazón contento”. Y es que cuando el Gobierno les empezó a proporcionar el almuerzo matutino, su mirada preciosa brillaba un poquito más mientras agarraban la cuchara como podían.
Cuando me fui lloraba…lloraba de dicha por haberles conocido y de tristeza por no saber cuándo volveré a verles.”
María Otxoa
maria.otxoa@fundacionadsis.org
FOE Bilbao
Fundación Adsis